Residuo Cero

Residuo Cero

Desde hace diez años, Bea recorre el mundo para hablar sobre vivir sin desperdicios. Su libro Residuo Cero en casa: Guía doméstica para simplificar nuestra vida ha sido traducido a 22 idiomas. La llamada sacerdotisa de los cero residuos, según el New York Times, ha creado un blog sobre el tema e interviene con regularidad en los medios para presentar su metodología, conocida ya mundialmente.

Bea Johnson de origen francés, en su paso por la ONU promocionó su libro «Residuo cero», donde ha explicado los beneficios que tiene este modo de vida para el medio ambiente, la salud, la economía familiar y el bienestar en sí mismo. Según Bea la comunidad de habla francesa es la que mejor ha asimilado y desarrollado el estilo de vida sin residuos. 

Todo comenzó en 2008 con una mudanza; por aquel entonces, Bea y su familia se vieron obligados a instalarse en un pequeño apartamento hasta que encontraron la casa ideal en una ciudad tranquila en la que se podía ir caminando a todas partes; durante su mudanza, la familia Johnson tomó una decisión radical: librarse del 80 % de sus efectos personales.

Para Bea, los prejuicios que la gente tiene sobre esta idea son completamente comprensibles. Si alguien me hubiera dicho que iba a adoptar una vida sin desechos, no me lo hubiese creído.

En aquel entonces, el concepto de una vida sin residuos solo se aplicaba para definir prácticas empresariales o de gestión de desechos municipales, según indicó Bea Johnson en una conferencia en la Biblioteca Dag Hammarskjöld de las Naciones Unidas, en Nueva York ya que no existía ninguna guía, blog, nada sobre cómo vivir sin generar basura.

Los desperdicios de la sociedad de consumo influyeron en Bea y su familia: lo que descubrimos nos entristeció, admite ella. Pensar en el legado que les dejábamos a nuestros hijos fue lo que nos hizo tener ganas de cambiar nuestra forma de consumir.

A diez años de distancia, Bea, su marido y sus hijos han logrado adoptar un estilo de vida sostenible en el que no producen más de medio kilo de desperdicios al año gracias a la metodología de las siguientes reglas:

  • Rechaza lo que no necesites;
  • Reduce de lo que necesitas;
  • Reutiliza lo que consumes;
  • Recicla lo que no puedes rechazar, reducir o reutilizar;
  • Y composta el resto.

En la cocina, han eliminado el papel de aluminio, de horno y el de plástico, así como las bolsas para los bocadillos. En el supermercado, hacemos la compra con productos reutilizables: bolsas que no son de plástico y tarros de cristal, además, compramos por mayoreo.

La familia ha reducido la cantidad de prendas de su armario, la gente utiliza el 20 % de la ropa y guarda el 80 % por si alguna vez lo necesita. Todas las prendas de uno de sus hijos entran en una maleta de mano. Y cuando me voy de vacaciones, no tengo que pensar qué voy a llevar, ¡porque puedo empacarlo todo! señala ella.

Preferimos el cristal y el metal, porque se pueden reciclar varias veces, dice Bea. Y damos prioridad al papel y el cartón, que se pueden reciclar hasta ocho veces.

Además de poseer menos bienes materiales, la familia descubrió las ventajas de una vida sencilla. Nos dimos cuenta de que teníamos más tiempo para hacer lo que realmente era importante y, gracias a ese tiempo adicional, hemos podido educarnos sobre programas ambientales, explica Bea Johnson.

Los plásticos no son solo tóxicos durante su fabricación, sino también mientras los consumimos, dice Bea Johnson. Si yo tomo un trozo de queso y lo envuelvo en plástico, puedo sentir el olor del empaque y podría tener consecuencias nefastas para nuestra salud.

Bea subraya que una mínima parte de los plásticos son reciclables. Meter el plástico en un contenedor de reciclaje no quiere decir que con certeza se vaya a reciclar, dice ella. Además, los plásticos pueden pasar por este proceso solo una vez.

 Esta es la razón por la que Las tiendas sin bolsas de plástico y embalaje han visto la luz en Canadá, Alemania, Francia, Irlanda, Suiza y Malasia.  Bea se ha reunido con miles de seguidores de todo el mundo que comprueban que es posible adaptarse a este estilo de vida en todas partes. Lo único que mis interlocutores tienen en común es que se arrepienten de no haber empezado a vivir sin desechos antes.

Consumimos mucho menos que antes. Compramos cuando necesitamos remplazar algo y solamente en rebajas, que es más barato, precisa. Los ahorros resultantes les han permitido instalar paneles solares en el tejado y utilizar el agua del retrete para regar las plantas.

 

Vivir sin desperdicios es también bueno para nuestras billeteras, enfatiza. En nuestro caso, nos dimos cuenta de que permite ahorrar un 40 % de nuestro presupuesto total.

El estilo de vida que propone Bea no anima a reciclar, sino a evitar hacerlo intentando, por todos los medios, que los desperdicios lleguen a casa. Pero para Bea, la ventaja más positiva es que ofrece una mayor calidad de vida al basarse en aprovechar las experiencias y no los bienes materiales.

Libre de desperdicios, Bea Johnson y su familia han hecho cosas que les parecían imposibles: escalar glaciares, bucear con ballenas, saltar en paracaídas.  Esta vida que hemos descubierto es mucho mejor que la que teníamos y a la que no pensamos volver, dice. Y concluye Gandhi dijo: la felicidad es cuando lo que piensas, dices y haces está en armonía» y yo creo que esto nos lo aporta vivir sin residuos.

Hoy, mi vocación es justo romper con estos estereotipos desde el principio. Estamos aquí para promover que el estilo de vida RESIDUO CERO no es solo bueno para el medio ambiente, sino también para nuestra salud, porque permite eliminar todos los productos tóxicos de nuestra rutina.

 Es una vida sencilla que permite dedicar más tiempo a lo que uno considera importante, dice. Cuando vives con menos, tienes más tiempo para hacer lo que es importante para ti: la familia, los amigos, picnics, caminatas. Este estilo de vida se traduce en una rutina basada en el ser y no en el tener.


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